Yo de ti… no lo haría.

Elísabet Benavent

Elísabet Benavent

Yo de ti… no lo haría.

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Hay muchas cosas en la vida que te pueden abocar directamente al desastre. Pero parece que sentimos una pérfida atracción hacia el lado oscuro y nos paseamos cerca del límite, disfrutando del subidón de adrenalina. Y no, no hablo de deportes de riesgo, de conducción temeraria o ruletas rusas (con pistolas o sexuales, que al parecer también existen) Hablo de cosas de andar por casa. Chaladuras que cometemos todos los días y en las que, a sabiendas de que tenemos muchas papeletas para que salgan mal, encontramos algún tipo de placer. Empecemos.

Error del tipo: “Me voy a tomar una copita de vino sola en casa, que tampoco pasa nada”

PUEDE no pasar nada, pero PUEDES liarla muy parda. Esas cosas empiezan así, con una inocente copa de vino y, cuando te das cuenta, estás confesando en Twitter deseos oscuros. Hacedme caso, sé de lo que hablo. Porque es taaaaan fácil venirse arriba… te tomas una copita y dices, oh, qué rico, qué glamour, qué momento de relajación tan femenino. Y terminas abrazada al wáter, vomitando y farfullando incoherencias (como los fines de semana, pero sola, sin que tu amiga te acaricie el pelo y te pregunte si quieres agua) o diciéndole a un hombre serio al que admiras, que has escrito un personaje inspirado en él en tu novela medio erótica y que lo has dotado de un gran falo. O eso dicen… ejem, ejem.

Prosigamos!

Error del tipo: “Qué rico está el líquido de las aceitunas. Voy a beber un par de cucharadas más; no tiene porqué pasarme nada.”

Bueno, mi amiga Vega ha pasado años haciéndolo sin efectos secundarios, pero las hay que no somos tan agradecidas. Y voy a explicarme (aunque explicación no pedida es siempre culpa admitida): cuando nos dan bajones de sodio el cuerpo pide cosas con mucha sal y este caldillo tan sabrosillo, la tiene a montones. Sal, vinagre y agua, entre otras cosas. Y el vinagre con agua, así, bebidito… no veas la limpieza. Vas a terminar por dentro como los chorros del oro, pero con el culo como el de un mandril. Avisada quedas.

Coño!!! Cómo escueceeee!!!
Coño!!! Cómo escueceeee!!!

Error del tipo: Un poco de inocente coqueteo no mata a nadie…

Matarte no te va a matar, pero ya me contarás cuánto te veas a ti misma recibiendo susurros en el oído del tipo “te follaría hasta partirte en dos”. Es difícilmente gestionable. Muchas veces hemos empezado como un entretenimiento inocente; otras hemos empezado porque, lo confesemos o no, ese tipo nos pone como una moto, pero lo cierto es que el límite entre el coqueteo inocente y el calentón inhumano… es confuso y difuso. ¿Qué hacer? Pues… no lo sé. ¿Evitarlo? ¿Asumir las consecuencias? ¿Ir todo el día más salida que el pico de una plancha? Voy a preguntarle a Gandalf a ver qué opina él…

Error del tipo: Tengo una cena de antiguos alumnos y quiero ponerme ese vestido/pantalón/falda/traje de cat woman, que me queda un poco prieto. ¡Voy a hacer una dieta express!

En esto, queridas, tengo experiencia y en TODOS LOS CASOS no me ha traído nada agradable. Hice una dieta express basada en el principio de que si comes comida súper grasa en cantidades controladas bla bla bla bla y tu cuerpo la elimina. O algo así. ¡Mentira! Me pasé una semana desayunando seis nueces de macadamia y cenando media tarrina de queso súper graso, de este de untar y lo único que perdí fue las ganas de vivir. También hice una (con endocrino, os lo puedo jurar) con la que lloraba prácticamente todos los días. ¡Venga hombre! Que no nos merecemos estas cosas. Haciendo esto para lo que tenemos papeletas es para: hacernos polvo el cuerpo, dejar de estar sanas, amargarnos la vida, agriarnos el humor, desmayarnos y/o ganar el triple de lo perdido. Además, los desmayos no avisan, queridas. ¿Os habéis desmayado alguna vez en el trabajo? Porque yo sí y es terrible. Otro día os lo cuento.

Abrocharme, me abrocha... pero no veo na!
Abrocharme, me abrocha… pero no veo na!

Error del tipo: Se llevan los pantalones “X” y me quedan fatal pero… ¡paso de ser la única que no los lleve!

Creo que ya hemos hablado de esto, coquetas… de la moda, sólo lo que se me acomoda. Y soy la primera que cometo crímenes contra mí misma en nombre de la vanguardia estilística. Como cuando me corté flequillo. Por el amor de Dios. Y así mil. Mejor sé fiel a lo que te queda bien (a mí me vale fiarme de mi madre, que es megacrítica, porque mi marido no sirve. Los maridos, creedme, nunca sirven para esto) y déjate de experimentos. Los experimentos mejor con gaseosa, como dice mi señora progenitora. Lo clásico no está reñido con lo sexy y lo contemporáneo. Sólo hay que saber distinguir entre clasicismo y ranciedad.

Error del tipo: Voy a tomarme un chupito de Jagermeister. Si todo el mundo lo toma es porque es bueno.

Yo no diría bueno. Estoy segura de que en esa etiqueta en alemán lo que pone es que el licor ha sido destilado en el infierno bajo supervisión directa del mismísimo señor de las tinieblas. Hay un mito que cuenta que el límite del cuerpo humano en tolerancia de Jagermeister está en tres chupitos. Yo he probado a desmentirlo pero de aquella noche no me acuerdo. En algunos garitos lo sirven con Redbull. No caigáis en esa tentación. Cuando os deis cuenta estaréis haciendo el moonwalker en una pared… desnudas. O algo peor.

Error del tipo: Tranquilas todas, que yo controlo…

Lo único que vas a poder controlar, amiga, va a ser la medicación que tengas que tomar para superar el soponcio. Y da igual detrás de qué otra frase venga esta, porque vamos, que nos conocemos… Las mujeres somos muy dadas a darnos excusas a nosotras mismas del tipo: esta vez ya he aprendido, no me voy a colgar, una alegría para el cuerpo, necesito dar carpetazo a esta historia, por un chupito más no me va a pasar nada… Y que conste que lo hacemos todas en algún momento de nuestras vidas. Personalmente creo que esta frase sirve, históricamente,  para justificar lo que toda la vida se ha llamado “calentón”. Vamos, que estamos engorrinadas. Gochonas, que somos unas gochonas. ¿Lo mejor? Por mi experiencia os diría que son cosas que podríamos ahorrarnos y que no conducen a nada (al menos bueno). Pero ¿sabéis? Cada persona debe decidir cuáles son sus errores porque, al final, la vida es eso. Ir aprendiendo por nuestra cuenta y hay tortazos que nos da la vida que duelen, pero coño… me han gustado tanto hacer…

Un poquito más, Paqui. ¿No ves que yo estoy bien?
Un poquito más, Paqui. ¿No ves que yo estoy bien?

Error del tipo: Me he propuesto ir al gimnasio y ¡¡voy a darlo todo!!

Coqueta, cariño, por experiencia… poco a poco. ¿Qué es lo que puede pasar? Que el primer día te pegues tal paliza que:

–          Por la noche te cenes un oso pardo en pepitoria.

–          No puedas moverte el día siguiente o te muevas como Chiquito de la Calzada.

–          Que tengas tantas agujetas que sólo la idea de follar te parezca un tormento.

–          Aborrecer con todas tus fuerzas humanas todo lo que tenga que ver con ese antro del infierno que es el gimnasio.

Como ves, yo también pequé un día de esto y ahorra arrastro mi animadversión y mi poca turgencia por el mundo.

Error del tipo: Voy a salir de marcha con gente del curro.

Aquí pueden pasar tantas cosas malas que te pido encarecidamente que lo pienses bien y que, si decides hacerlo, tomes algunas precauciones antes, tales como:

–          Tomar algún protector gástrico antes de salir.

–          Tomar bromuro antes de salir.

–          Llevar poco dinero para copas.

–          Llevar tatuado en un sitio visible un “Devolver a:” por si acaso no respetas la opción anterior.

Y es que… alcohol, música alta, cachondina en el aire, que el roce hace el cariño y cierta música invita al roce… Y que el lunes los tienes que ver a todos. Puedes ponerte pedo, vomitar a chorro, ponerte caliente like an indian monkey, iniciar congas, caerte al suelo y rebotar… Sólo… sólo piénsalo bien antes.

Error del tipo: Sé que alguien que conozco veranea por aquí, pero voy a hacer topless porque… ¡ya sería coincidencia!

Cosas más raras se han visto. Hay quien dice que el ser humano viene del mono porque una mona hizo topless en un sitio de veraneo en común. No te arriesgues o terminarás viéndote con las merluzas al aire (turgentes y orgullosas que miran a los ojos amenazantes o del tipo lenguado dejado caer muy interesado en las cosas del suelo) delante de: tu suegro, el mejor amigo de tu hermano, los abuelos de tu mejor amiga, tu jefe, ese compañero de curro que es sólo comparable con una portera de pueblo… Y no gusta, ¿a qué no?

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