Ser coqueta en Tailandia

Elísabet Benavent

Elísabet Benavent

Ser coqueta en Tailandia

Cabecera-Bangkok

¿Por dónde empiezo?

A ver, digamos que no soy una persona muy aventurera, así que me pasé el viaje con el culo apretado, así con un poco de susti. Yo soy más de ir en plan señoritinga, pero (PERO) debo admitir que a día de hoy, cuando me acuerdo de aquellas dos semanas, todo me parece sumamente divertido. Claro, en su momento algunas cosas no me lo parecieron, pero el tiempo lo tiñe todo de un color un poco más suave. Como dato: cuando llegué a Madrid Barajas, al salir, mi madre me esperaba con un tomate con sal, porque le comenté en un mensaje que la comida allí era un poco difícil y que me moría por comerme un sencillo tomate. Cuando la vi… lloré. ¡¡¡Lloré por un tomate!!!

Bueno, al ajo. Ya sabes, coqueta, que este tipo de post me gusta organizarlos en forma de consejillos porque contarte todo mi viaje igual te sume en un profundo coma y no mola nada. Nosotros estuvimos quince días y los repartimos en este orden:

2 días Bangkok

5 días Chian Mai

5 días Krabi

3 días Bangkok

BANGKOK:

Cuando salimos del aeropuerto, con el jaleo de pedir un taxi (que si precio cerrado, que si regateo, que si pon el taxímetro…) iba ya con un mareo de impresión. Los taxis son del año de la polca casi todos, huelen de manera inquietante pero tienen aire acondicionado lo que te puede parecer muy normal, pero que allí es como si el cielo te abriera sus puertas..

  • Es una ciudad muy muy muy calurosa, porque además de que el sol cae a plomo, la humedad es increíble, llegando incluso a ser asfixiante. Yo soy de Valencia y estoy habituada a un ambiente es bastante húmedo (y pelos como la peluca de un pelocho), pero ni de lejos como allí. Tenedlo en cuenta para la ropa. En muchos templos no dejan entrar si enseñas piernas, hombros o brazos…. Vamos, que tienes que ir como Indiana Jones en busca del burka perdido. Yo llevaba siempre encima un pañuelo enorme y, aunque no soy muy de enseñar yo de normal (nunca llevo piernas al aire ni los brazos)… pues eso. Por si acaso.
  • Imprescindible protección solar también para pasear por la ciudad y ver templos. A mí allí mosquitos no me picaron, pero por si acaso yo llevaba a todas horas el repelente. La protección que sea fuerte, por cierto. Yo me quemé el cuero cabelludo porque tengo la manía de que “llevar gorras me hace parecer más gorda”.
  • Cambio de divisas: nosotros cambiamos en todas partes, según lo necesitábamos. Lo único es que mirábamos en varios para ver cuál tenía mejor cambio ese día. Es fácil, rápido y la mayor parte de las veces ni siquiera te piden que presentes el pasaporte.
  • Hotel: estuvimos en el “hotel” Erawan cuando llegamos, pero no os lo recomiendo. Son muy amables y estaba limpio, pero el baño era de película de terror, (la ducha era un chorrito de agua que salía de la pared y no había papel de water, sino una especie de manguera… fue el primer momento en el que odié a mi señor esposo) además de que el wifi casi no tenía más alcance que el hall. A la vuelta nos quedamos en el hotel Rambuttri, que me recomendó un compañero de Mordor. Estaba muy limpio, el baño seguía siendo un poco rudimentario, pero el aire acondicionado iba a todo trapo y tenía piscina en el último piso. Los dos estaban en los alrededores de Kao San. Yo no recomendaría coger uno en la misma calle, porque por las noches se monta bastante jolgorio hasta las tantas. De todas maneras si volviera a ir, me cogería un hotel en la zona nueva. El tema de los hostels de la zona de Kao San es como más típico, más pintoresco… más como la peli La Isla (el cabrón de mi marido me dijo: mejor que la veas cuando volvamos) Claro. Así de poco preparada iba yo.
  • Cruzar las calles: Es de locura. Al final ya cruzas a lo inconsciente, como ellos. Pero es hasta divertido. Nosotros terminábamos cruzando carreteras de seis carriles por en medio. Si te ve la policía, hasta te ayuda parando el tráfico. Es una risa.
  • Masajes: nos dimos prácticamente uno por día. Este es un tema que me da mucha risa porque la gente asocia el término “masaje tailandés” a algún tipo de práctica sexual exótica, pero no. NO. Es un masaje terapeútico que duele más que otra cosa pero que te suele dejar como nuevo. Vamos, que mientras te lo hacen no te da ni para pensar en Orlando Bloom. Duele. Nosotros nos los dábamos siempre en un sitio que creo que se llamaba Charlie, en pleno Kao San. Sí, un nombre muy oriental… Tenían muy buen precio (120 bath 30 minutos, es decir, 3 euros) una terracita que da a la calle y unas tumbonas bastante cómodas. Pero olvida el glamour; es mejor que te avise. Yo me quité de la cabeza los ascos y los pudores; creo que es una experiencia que no hay que perdérsela, aunque si te pones a pensarlo… las condiciones higiénicas pueden dejar que desear. Son bastante dolorosos, eso sí. Nos hicimos uno de espalda, cuello, cabeza y hombros del que nos recuperamos pasados los días, porque tuvimos agujetas, pero yo me deshice con una contractura que el fisio no pudo ni tocarme. Claro, a ver cómo le dices a una tailandesa furibunda agarrada a tu chepa, que no apriete tanto. Para ese, nos subieron a un cuartito dentro del local. Yo ya me imaginaba cosas turbias, pero era una habitación muy grande con aire acondicionado donde se estaban dando masajes otras, no sé, 30 personas. Nunca nos ofrecieron nada extraño, ni a mí ni a Mr. Coqueto.
  • Comida: yo lo pasé un poco mal. (Bastante mal, perdí dos kilos, cuando lo normal es que gane cinco) La primera noche Mr. Coqueto y yo decidimos que lo mejor era cenar en Kao San de un puesto callejero. Paseamos la calle arriba y abajo varias veces hasta que me convenció uno; estaba muy limpio, no había moscas ni nada por el estilo y mucha gente le compraba Pad thai. Lo compramos, nos sentamos en un escalón y nos pusimos a cenar y… me pasó delante de los pies un animal que identifiqué como un “gatito” hasta que se plantó y me enseñó, claramente, que era rata de tonelada y media. Dicho esto… no sé por qué no me sentó muy bien la cena.

La cuestión es que hay que ir open mind. Yo soy muy escrupulosa y casi no probé cosas de puestos callejeros, casi siempre comimos en bares y tal, pero los curries me alucinaron, los fideos de arroz están buenísimos y hay buenos restaurantes indios, por ejemplo.

  • Cerca de Kao San, en la calle Rambuttri, hay un restaurante enooorme (ocupa toda la acera de la calle, prácticamente) No es un sitio espectacular, pero si vas a estar por allí, se cena muy bien y barato. Por las noches ponen una parrilla y sirven carnes, pollo, pescado y marisco con bastante buena pinta. Nada fuera de lo común, vale, pero después de haber comido curris tan picantes que se te caen los mocos, una agradece una pechuguita de pollo a la parrilla. De verdad; yo casi lloré de gusto. Mi marido me miraba y sonriendo me decía: joder, qué fácil es hacerte feliz. ¡Y es que estaba muy bueno! Es un buen sitio para ir si no tenéis ganas de comer thai cerca de Kao San. Y por la noche lo iluminan con velitas y lucecitas de colores y les queda curioso.

COSAS QUE NO OS PODÉIS PERDER:

Cabbages and condoms. (http://www.cabbagesandcondoms.com/index.php) Es un sitio muy bonito para cenar, la verdad. Es como mágico y muy romántico. Cubierto de condones, eso sí, pero romántico. No os asustéis. Los condones están de decoración… XP. Tiene un patio interior todo iluminado y cocina thai tanto vegetariana, vegana o carnívora (en ese momento yo sí comía de todo, pero mi marido no, así que nos vino fenomenal). Recomendaciones:

  • No pidáis el pad tai, porque está exactamente igual que el de un puesto callejero y cuesta bastante más.
  • 2. El vino cuesta como si fuera bien de lujo. Nosotros nos bebimos dos copas de vino blanco y la verdad, nos encareció bastante la cena (en comparación con el resto de precios, que suelen ser bajos).
  • No hace falta reservar, pero hay que ir pronto para poder elegir un buen sitio.
  • Precio: A nosotros nos costó 1300 baths en total con un entrante, un plato cada uno, dos copas de vino, dos botellas de agua y un postre para compartir (mango con arroz dulce… qué rico)

Sirocco, una terraza en el hotel Lebua. (http://www.lebua.com/sirocco) Dicen las malas lenguas que cenar aquí cuesta la friolera de 200 euros. Viendo los precios de la carta de bebidas, me lo creo. Pero es una experiencia bonita y una oportunidad de ver el skyline y la noche de Bangkok, en plan finolis. No se puede entrar con el uniforme de turista, pero tampoco se ponen muy exigentes. Yo iba con un vestido negro de palabra de honor (que me costó 10 euros en Madrid) y sandalias planas negras y Óscar llevaba unas zapatillas, unos vaqueros y un polo… y nos trataron como reyes. Fuimos en tuctuc desde Kao San. Creo que además de hotel es una torre de negocios, así que da la apariencia de estar cerrado, pero entras en el hall y… toda la gente lleva la misma dirección. Cuando llegamos arriba (está en el piso 64 si no recuerdo mal) nos acompañó una chica a la terraza, nos buscó un buen sitio, donde se tuvieran mejores vistas y hasta nos avisó cuando se quedaron libres unos sillones. Tomamos una copa a precio madrileño que para Tailandia es de locura (creo que fueron unos 400 baths por copa, unos diez euros) pero… vale la pena. Te sirven las copas, unas aceitunas negras dulces y pistachos pelados. Se puede fumar, corre airecito, los sillones son comodísimos y se ve toda la ciudad iluminada. Nosotros nos arrepentimos un poco de no invertir algo de dinero en cenar allí. Es bastante pasta, pero el restaurante es precioso. En la otra terraza, donde se ve el otro extremo de la ciudad, estaban tocando música en directo. En la que estábamos nosotros ponían más música house y tal. Mr. Coqueto, claro, encantado.

EXCURSIONES:

En Bangkok sólo hicimos una excursión organizada. Fuimos al mercado flotante, al puente sobre el río Kwai y a visitar el monasterio de los monjes budistas que crían tigres. Es la misma excursión y dura todo el día. Te das un poco de paliza en horas de minibús (que te recoge en el hotel y luego te suelta donde le viene un poco en gana) pero no está mal. Eso sí, no te asustes con la conducción. Es tremendo. El paquete entero nos costó 900 baths cada uno (agua y comida incluida, pero paramos en un sitio de carretera donde nos dieron una ensalada de lechuga hervida, tal cual) + 600 bths cada uno por ir a ver a los tigres (que lo pagas allí en taquilla. Los monjes budistas, ya lo veréis, hacen negocio de todo)

El mercado flotante es curioso, pero muy enfocado al turisteo. De lo que supongo que fue, no quedan más que unas barquitas vendiendo comida tradicional (de la que a nosotros, los turistas nos da cosita probar) que espantan las moscas antes de servir. Pero tiene su encanto. Nosotros lo único que compramos fue una marioneta pintada a mano, pero la compramos fuera del canal, porque lo del canal es tremendo. Te cogen la barca con un gancho desde los tenderetes y te ofrecen, ofrecen, ofreceeeen. Pero es divertido. Eso sí… el agua limpita no está. Jajaja. Le dije ochenta veces a Mr. Coqueto: “si me caigo de la barca… mátame y luego quema el cadáver.”

El puente sobre el río Kwai estuvo bien. Sólo estuvimos 40 minutos, suficiente para ver que en un mercado tenían un leopardo chiquitín (pobre animal, de vez en cuando me acuerdo de la penita que me dio) y recorrer el puente al completo. Casi nos atropelló el tren turístico que va a 20 por hora, bastante lamentable por nuestra parte pero bueno, está bien. No se hace pesado. Unas chicas que no iban a ver a los tigres… tuvieron que esperar allí 2 horas y 40 minutos. No sé qué harían tanto rato.

Lo de los tigres es una turistada total, pero es muy bonito poder tocarlos. Yo soy una histérica de los felinos y me gustó saber que tienen voluntarios de todo el mundo que cuidan de que estén en las mejores condiciones. Además, poder acariciar a un tigre de 300 kilos fue alucinante. A la hora que llegamos nosotros sólo pudimos pasar a verlos a la zona que tienen para que los turistas accedamos. Si vas un poco más tarde (a partir de las 17.00 creo) puedes bajar con ellos y los monjes hacia el monasterio (o algo así). Tengo una foto con un tigre y su cabeza es más o menos la mitad de mi cuerpo. No he pasado más cagancho en mi vida pero… ¡qué ilusión!

CHIANG MAI:

Ir a Chiang Mai en tren cama es una experiencia. No recuerdo el precio pero si el olor. Puede que unos 700 bths por cabeza, pero no podría jurarlo. Cogimos los billetes en la estación de tren de Bangkok el mismo día en que llegamos. Siempre acaban haciéndote el lío con que no les quedan billetes en taquilla para los horarios que quieres en la clase que quieres y terminas pagando algo más, en una agencia que tienen privada dentro del propio recinto de la estación. Pero viene siendo normal. Vamos, que casi todos los que hemos ido hemos terminado pagando esa especie de “impuesto revolucionario”.

El día que salía el tren (día de mi cumpleaños, por cierto) fuimos a la estación con tiempo y llegamos a las 6 (sale como a las 19.00 si no me equivoco) y pillamos el momento en el que ponen el himno nacional. Es impresionante ver a todos levantarse y guardar silencio. Los que van andando, hasta se paran, estén donde estén.

Nosotros fuimos en cabina de segunda, en una litera. En la de enfrente iba una pareja de franceses muy majos que se pasaron el rato haciendo manitas y riéndose en tono muy sospechoso mientras mi marido y yo veíamos El Hobbit en nuestra litera. Sí, qué fogosos somos. He de decir que yo iba con el estómago revuelto (la visión de la rata galopante aún perduraba en mi mente y el olor de los baños del tren me lo terminó de arreglar) así que no comimos allí, pero se puede cenar y desayunar. Pasa una chica por tu cabina a preguntarte lo que vas a querer con la carta y todo, aunque a juzgar por la pinta de la carta, es posible que se recite ella sola… no he visto una hoja plastificada con más mierda en mi vida.

Yo dormí francamente bien durante unas 9 horas; así soy yo. Cuando me desperté fue alucinante ver por la ventanilla que ya estábamos en plena selva. Eso sí, si quieres probar esta experiencia, lleva ropa de abrigo, porque tienen el aire acondicionado en posición “frío esquimal”. Y el olor… yo le he cogido tanta manía a los pantalones que llevaba ese día que no me los he vuelto a poner. Es verlos y… puaj.

El hotel en el que estuvimos fue:

Chang Thai House

http://www.tripadvisor.es/Hotel_Review-g293917-d1628088-Reviews-Chang_Thai_House-Chiang_Mai.html

  • Chiang Mai es una ciudad muchísimo más pequeña. Al principio nos dio una sensación de abandono un poco rara, pero la verdad es que cuando la pateas, es hasta cuca. La zona de fuera de las murallas es normalita, pero la de dentro, que es donde están los principales templos, está bastante bien. Hace un pelín menos de calor que en Bangkok, o al menos es la sensación que tuvimos nosotros. Nos llovió un solo día sólo un rato y sirvió para refrescar, pero los mosquitos ya empezaron a dejarme entender que tengo la sangre bastante suculenta.

El hotel, está fuera de la muralla, pero muy cerca de ésta. Está, entre esta y la zona del bazar nocturno.

  • Bazar nocturno: tiene muchísima vida. Siempre hay gente en cantidades ingentes. Yo recomendaría comer de algún puestecito, porque nosotros probamos a hacerlo en restaurante y fracasamos estrepitosamente. La comida no sabía a nada (yo ni me la comí porque todo era una salsa rara que no había pedido) y salió cara (siempre pensando en los precios de allí). Dentro del bazar, hay una calle que se mete a mano derecha que te lleva a una plaza (como un descampado muy grande) donde hay puestos de comida, de masaje, de regalitos… casi al fondo, a la derecha, hay un puesto de masajes donde nos dimos uno cada noche. Costaban 150 bths 1 hora (pies, piernas, espalda, hombros, brazos, manos, cuello y cabeza) y son… impresionantes. Mi señor esposo se durmió uno de los días, no digo más.
  • Hay un templo en la montaña al que se accede por una escalitana muy larga, no recuerdo el nombre. Es muy bonito. Nosotros salimos a la calle, paramos un taxi de los rojos (sin asustarse, que son camionetas sin puerta en la parte de atrás!) y contratamos a la taxista (que no hablaba inglés y con la que nos entendimos por gestos) para que nos llevara allí, después a la otra punta a un pueblo donde hacen sombrillas (también turistada, pero es que colecciono sombrillas de esas, así que para mí era visita obligada) y nos dejara de nuevo en el centro de la ciudad. Todo nos costó 1000 baths y estuvo con nosotros desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde o así. Vale la pena visitar el templo de la montaña. Además, de camino, hay unos miradores donde se ve toda la ciudad.

EXCURSIONES:

  • Contratamos una que incluía paseo en elefante, tracking por la montaña, rafting y paseo en barca de bambú. Nos costó 1000 baths por cabeza y a mí casi la vida. Nos preguntaron si queríamos ver a las mujeres jirafa, pero nos habían hablado fatal de eso e insistimos en que no queríamos ir. El paseo en elefante estuvo muy bien porque nos llevamos la impresión de que tienen a los elefantes bien cuidados (atados, pero sanos, cero maltrato y al menos delante de nosotros, eran incluso cariñosos) Era importante para nosotros, porque somos un poco sensibles con el tema pero a día de hoy no hubiéramos hecho esta parte de la excursión; no dejas de quedarte con la sensación de que están explotando a los elefantes porque tú participas en ese tipo de actividades. La experiencia, aún así, es divertida, menos por el hecho de que vais montados en una especie de asiento que le colocan encima al elefante y cada uno a un lado… y yo peso más que mi señor esposo…

Cruzas un río a lomos de los elefantes, que son súper simpáticos. Pero tienen moco en la trompa, eso no te lo cuenta nadie. Y te quieren comer, pero fingen que solo les interesan tus plátanos.

Comimos allí a las once de la mañana. Eso estuvo un poco raro. Nos dieron un arroz que estaba muy rico y piña, pero claro, prácticamente acabábamos de desayunar, así que nadie se lo terminó.

Después vino el tracking y, sin paños calientes, le llaman caminata porque “ir a Mordor a destruir el anillo de poder” quedaba demasiado largo. Hace calor, el camino a veces se complica y es todo arriba arriba arriba, salta una piedra, cruza un río por encima de un tronco… y a buen ritmo. Y a pesar de que estuve a punto de decir que siguieran sin mí, valió mucho la pena. Bueno, lo dije. Me senté en una piedra y me eché a llorar (no es exageración). Pero Mr. Coqueto no me hizo caso; puso los ojos en blanco, tiró de mí y me prometió que “no, por enésima vez, no vas a morir despeñada”. Al llegar al final, encuentras una cascada muy bonita (y muy fresquita), donde nos bañamos. Otros grupos comieron allí.

Cuando bajamos (yo muy orgullosa de haber sobrevivido) nos llevaron a un sitio para coger las barcas para el rafting. Open mind otra vez. Pero mucho. Las instalaciones no son los que los de sanidad definirían como impolutas. Pero vamos, que luego es muy divertido. Te empapas entero, eso sí. Yo fui completamente vestida, porque pensar en que ese chaleco maloliente tocara un resquicio de piel desnuda me ponía los pelos como escarpias.

Después te cambian a unas balsas de bambú, donde te terminas de calar y acabas el paseo en plan tranquilo, viendo el paisaje que es impresionante. Y ves cómo los elefantes cagan a tu paso por las aguas marrones del río. Y te dicen que te mires por si se te ha pegado alguna sanguijuela. Vamos, de esas cosas que ahora te acuerdas y te dan risa, pero con lo asquerosita que soy yo, casi me dio una apoplejía.

Cuando llegamos al hotel no sabíamos si lavar la ropa o quemarla directamente.

KRABI – Playa de Ao Nang

Hotel: Phu Pha Ao Nang Resort and Spa

http://www.tripadvisor.es/Hotel_Review-g1507054-d1656077-Reviews-Phu_Pha_Ao_Nang_Resort_and_Spa-Ao_Nang_Krabi_Town_Krabi_Province.html)

  • Es una playa bonita, sobre todo cuando atardece. Baja mucho la marea y se pueden coger caracolas vacías preciosas. La gente se hace fotos por allí… es muy bonito. Muy rollo pareja paseando de la mano, corazones, unicornios y esas cosas que nunca vienen mal en un viaje con el churri.
  • El paseo está plagado de restaurantes, puestecitos de comida, tiendas de souvenirs, agencias de excursiones y casas de cambio de divisa. Había un restaurante italiano que se llamaba Jeseao en el que terminamos por carambolas del destino y en el que nos comimos una pizza francamente buena, de las de masa finita. Y nos costó barato. Pero era inquietante, no te voy a mentir. Y turistada a más no poder.
  • Comimos en un sitio súper auténtico que está en la perpendicular al paseo, subiendo a mano izquierda. Es en una especie de local escavado en la pared y también hay que ir open mind porque mierda hay un rato. Pero oye, hice la concesión por el aventurero de mi marido y luego la comida estaba muy buena. Nos costó: dos fantas de naranja, 1 botella de agua, yo un curri (buenísimo pero tan picante que daba tos y se me caían los mocos como un trol) y él un arroz con verduras, 200 baths, unos 4’5 euros.
  • Uno de los días contratamos una barquita en un puesto que hay al principio del paseo, para ir a Raylay, una playa muy famosa porque tiene una pared vertical para escaladores. La gente dice que no es una playa maravillosa, pero a mí me enamoró. Es preciosa. El mar es de un color verde alucinante, se ven peñones de roca en mitad del mar llenos de vegetación, el agua está limpia, fresquita y no hay ni piedras, ni conchas ni na de na. Lo único malo es que paradojas de la vida, Mr. Aventurero, anteriormente conocido como Coqueto, se intoxicó no sabemos con qué y empezó a subirle la fiebre. Nos marchamos pronto a buscar la barca de vuelta, pero nos pilló el diluvio universal y tuvimos que resguardarnos en el único restaurante que había allí, donde como en todas partes, tenían de todo: hamburguesas, sándwiches, arroces, curris, tallarines, fruta… de todo. Nosotros nos comimos un sándwich y volvimos al hotel. Pasamos la tarde allí. Yo tenía que revisar unos borradores (adivina de qué jajaja. ¡Sí, me llevé a Valeria y a Víctor de viaje) y él durmió y descansó.
  • El día siguiente por la tarde contratamos junto a una familia americana con dos nenes pequeños, un longboat para ir a Chicken Island y Koh Poda, que cuando baja la marea están conectadas por una pequeña playa (casi de conchas). Fue muy chulo porque nos quedamos allí solos. Todo el mundo empezó a volver y nos quedamos la familia en una punta y Óscar y yo en la otra. De vuelta, vimos el atardecer desde la barca y fue increíble.

EXCURSIONES:

  • Contratamos las excursiones en una agencia que hacía esquina, entre la avenida amplia perpendicular al paseo y éste. Tenía un neón rosa. Nos costaron en total, los dos, las dos excursiones, creo que unos 3500 baths porque nos hicieron oferta. Es importante coger lancha rápida; es un poco más caro, pero vale la pena, sobre todo si te mareas. Importantísimo la biodramina media hora antes de subir porque allí vomitaba hasta el apuntador, menos nosotros que nos la habíamos tomado e íbamos como dos rosas. Por un lado contratamos una para ir a Hong island, pero que paras en tropecientas mil islas con playas preciosas y donde puedes hacer snorkel. Fue un día genial, pero tuvimos un accidente en el grupo y una chica casi se ahoga. Menudo sustazo nos llevamos todos cuando la sacaron del agua. Pero al final, final feliz y yo una angina de pecho.
  • La otra excursión fue a Phi Phi, que es básicamente, Benidorm. A nosotros no nos gustó Phi Phi Island en concreto, pero la excursión es impresionante porque te llevan a sitios geniales y preciosos. Islas, playas, bahías. Y sólo la experiencia de ir en la parte de delante de la lancha rápida en ese mar tan verde… es precioso. Eso sí, la parte de delante de la lancha rápida tiene dos inconvenientes:
  1. Cuando la lancha bota en las olas, tú botas en el asiento dándote unos viajes en el culo que ríete tú de Christian Grey.
  2. Si llueve, como fue el caso… te calas. Pero aún así, lloviendo en plan Monzón apocalíptico, fue muy chulo.

La comida, en las dos excursiones fue exactamente igual: arroz con verduras y un huevo frito. Y la verdad, el arroz nos supo a gloria.

Lo único malo de la playa es que los mosquitos me comieron viva y me dieron reacción las picaduras, con lo que volví pareciendo una leprosa. Por si acaso, importante llevarse: pomada antialérgica, afterbite, repelente de mosquitos extremo, biodramina (a poder ser con cafeína para no dormirse en las excursiones), protector solar y antihistamínicos. También algo de antibiótico por si acaso. Ah! Y cosas como pantecta, fortasec, lacteol, omeprazol… porque allí se encuentran, pero a precio de oro.

De los vuelos no te cuento nada porque, vamos, ¿qué te voy a contar? En el de vuelta tuvimos la suerte de viajar con la única niña hiena del mundo que tuvo a bien amenizar el viaje con sus aullidos. Yo sentí muchas ganas de matar, pero nada más.

Lo único nuestra experiencia con las aerolíneas.

– Los internos de conexión los cogimos todos con AirAsia. Ríete tú de Ryanair. Salen súper puntuales. Del despegue y del aterrizaje ni te enteras. Eso sí, ni son demasiado amables, ni tienen problema alguno en desplegar allí carritos con pollo frito a las diez de la mañana para todo el que quiera comprarlo.

– Madrid – Bangkok (y la inversa) lo hicimos directo con Thai y, aunque la experiencia del avión en sí fue fantástica (es un poco más amplio y encima a la ida nos tocó pasillo con salida de emergencia, con lo que llevábamos las piernas totalmente estiradas) la tripulación no es muy simpática y te dan de comer cuando les viene en gana, que a la vuelta es a horas tan intempestivas que la gente ni siquiera quiere la comida. Nosotros nos pasamos las 13 horas del vuelo sólo con un zumo, porque no quisimos la cena te la dan cuando aún no es hora de comer y el pseudodesayuno a media hora de llegar a Madrid.

Bromas aparte, Tailandia es un destino especial que puede abordarse de muchas formas. Mochilero o no, no te lo pienses. Es culturalmente interesante, místico y nunca vi el mar tomar los colores que tiene allí. Súper recomendable, sobre todo para estómagos fuertes.

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