Porca Resaca

Elísabet Benavent

Elísabet Benavent

Porca Resaca

No estoy orgullosa de ninguna de mis resacas, la verdad, porque eso significa que las noches anteriores me vine arriba con todo el equipo y creí que mi cuerpo toleraría con potencia suprahumana la descomposición en sustancias tóxicas de los componentes de las bebidas alcohólicas porque eso, coquetas, es al parecer lo que genera la resaca. Pero tampoco me hagáis mucho caso: lo leí en la Wikipedia una mañana de domingo con la susodicha pena sobre mis hombros.

El caso es que aunque no estoy orgullosa… he de admitir que algunas son divertidas. Una vez. Mi mejor amiga y yo nos encontrábamos tan mal que nos pegamos en el sofá por el último culito de Coca Cola Zero que quedaba en una botella desventada. Lamentable, ¿verdad? Pero jodidamente divertido.

Las resacas (y su causa que, sea como sea médicamente, es beber como Pepe Reina en las celebraciones del mundial de fútbol), son una cuestión inherente a nuestra existencia en algún momento de nuestra vida. Asumámoslo. Y si alguna me dice que nunca ha bebido le diré… Muy bien que haces pero… ¿nunca has tenido, DE VERDAD, resaca de ningún tipo?

Hay resacas físicas y resacas emocionales y no conozco a nadie que no haya sufrido alguna de las unas o de las otras. Algunas te hacen potar y decir que “no volverás a salir en la vida” (mientras piensas en qué pintalabios te combina con las botas nuevas y el vestido que te pondrás el siguiente fin de semana). Otras te hacen abrazarte a un almohadón y llorar como si te estuvieran arrancando uno a uno los pelos del…

Y es que hay muchos tipos de resaca que, según mi enfermiza mente, pueden azotar tu vida (y convertirla en un tormento durante unos minutos, horas o un par de días)

resaca-fisica

Ingesta masiva de bebidas espirituosas (“¡ponme otra, hombre ya, que estamos de celebración!”) Créeme: esa copa que te estás pidiendo mientras rebuscas en el monedero no es buena idea. ¿Cuáles son las pistas que te pueden hacer ver que NO debes pedirla?

icono-chicle-pelossSi encuentras un chicle en el bolso lleno de pelusa, gritas de alegría y te lo comes sin importarte que tenga más pelo que Chewbacca.

sin-titulo-4Le dices a la desconocida que llora (y posiblemente vomita) en el baño que la comprendes, que su ex es un hijo de puta y su nueva novia una cerda y que la quieres.

icono-smsTe sientes tentada a mandarle un mensaje a alguien (“Paco, aún te quiero”; “Nunca te dije cuánto te odiaba pero… qué coño: te odio. Y el jersey amarillo te quedaba fatal”; “Me he enrollado con tu ex, tía, pero te juro que lo siento. En realidad no, pero me siento mal. Bueno, me siento de puta madre, pero eres una gran amiga, te quiero y no te lo mereces”.), son más de las tres de la mañana y de pronto las letras bailan una sardana en la pantalla mientras escribes.

icono-calzonesEncuentras monísimo a ese tío con fama de picha-brava en el que nunca te habías fijado.

Si se da una (o más) de las opciones anteriormente citadas… guarda el monedero o pide agua. Tu cerebelo te lo agradecerá. Ah y, por tu bien: no te comas el chicle con pelusa, intenta no hacer demasiada miga con desconocidas que puedan vomitarte en la falda, bloquea el móvil y aléjate de hombres con cara de llamarse problemas. Es un consejo de la Dirección General Coqueta. Gobierno Coqueto.


Sobredosis de azúcar. ¿Has comido alguna vez tantas cosas dulces que has temido que tu caca fuera purpurina? Perdona que sea así de marrana, pero es que es la definición más gráfica de la que puedo echar mano. Un pedo de azúcar es lo más parecido a pasearse frente a las puertas del infierno. Nunca acompañes el chocolate con Coca Cola normal… me lo contó una amiga. Al principio la sensación es agradable: risilla nerviosa, nivel de actividad del tipo “mi madre a las nueve de la mañana de un domingo”, verborrea… Ay, qué divertido es todo cuando vas hasta las trancas de azúcar procesado. Pero… ¿y el día siguiente? El día siguiente es como si el cielo fuera a caerte encima en forma de osito de gominola y aplastarte contra el suelo. Nunca me he encontrado peor… bueno, yo no… mi amiga, ya sabes.

perjudicada

Hosti… qué pedo llevo…

Dormir 15 horas. Soy de mal dormir, lo reconozco. Suelo bromear con que sé que estoy empezando a ser “mayor” porque duermo como las madres: mal, poco y a saltos. Eso sí… cuando me duermo profundamente… ojito. Sé que un día me despertaré con un carro de paradas al lado. Soy como una comatosa. Pero con mala leche. Una vez dormí una siesta de seis horas. Me acosté a las cuatro y amanecí a las diez de la noche hinchada como un botijo y con muchas ganas de matar. Mi marido me mandó de nuevo a la cama por el bien de la humanidad y me levanté a las siete del día siguiente. Fueron la friolera de quince horas de sueño. Y el despertar fue horrible. HO-RRI-BLE. Algo que no le deseo a nadie. Así que compartiré lo aprendido contigo para que, entre las dos, frenemos las horribles consecuencias de una resaca dormilona:

  1. No hables con nadie. Si contestas con gruñidos también te entienden.
  2. En realidad… intenta no relacionarte con nadie.
  3. Café. En vena.
  4. El chocolate también ayuda.
  5. Huye de tu jefe: huele tu miedo.
  6. Escucha música que te ponga de buen humor. Mi recomendación: Viejoven, de Ojete Calor.

 

resaca-emocional

 

Desengaños amorosos. Hay multitud de posibilidades:

  1. te has animado por fin a declararte y él ha salido corriendo, gritando y agitando los brazos.
  2. Tu relación ha terminado.
  3. Te han engañado.
  4. El chico por el que estás loca se ha puesto a salir con otra.

Mi madre te diría que: por el mismo precio otro y mejor. Yo te doy una versión un poco más desarrollada, porque eso de que “hay muchos peces en el mar” es odioso y a todos los que lo decimos se nos debería de abofetear con un lenguado muerto. La cuestión es que, lo primero (me voy a poner en plan profundo, ¿vale?) tienes que darte una tregua y saber que estás en tu derecho de estar mal unos días. Darte mimos, llorar si te apetece o dar puñetazos a los cojines… da igual. Pero hazte un favor: ponle freno y fecha de caducidad a un sentimiento que, seguro, va a terminar por hacer que te menosprecies a ti misma y te infravalores. De estar triste por un desengaño amoroso a flagelarnos hasta hacernos sentir culpables de nuestro dolor… hay una línea muy delgada que somos capaces de cruzar muy a menudo. No te hagas eso.

Odio las despedidas. Soy de esas. De las que lloran (intentando mantener la dignidad, es decir, sin pestañear para que no se note). De las que se intentan quitar el nudo en la garganta a carraspeos. No las llevo bien. He llorado al irme de todos mis trabajos, donde he dejado siempre personas a las que quiero y aprecio. He llorado el último día del último curso de todas mis etapas como estudiante. He llorado la pérdida de gente a la que quise y que se marchó para no volver. No lo llevo bien. No se me activa el raciocinio en esas situaciones y lo único que puedo hacer es esconderme y llorar. A veces necesitaré cinco minutos; otras mucho más tiempo.

El tema es, como en el anterior caso, ser consciente de que merecemos ese proceso de duelo, sea cual sea el tipo de despedida que estamos viviendo. No tenemos por qué ser fuertes siempre. Podemos desmoronarnos. Mi consejo en este caso es que:

  1. Si es una despedida del tipo “se acaba el verano y no te veré hasta las próximas vacaciones” o “ya no volveremos a tomar café juntas todos los días en la oficina”, ten claro que la tristeza se irá porque puedes convertirla en la emoción de transformar eso a lo que dices adiós en un “hasta pronto”. En mi época adolescente nos mandábamos cartas. Ahora existe el Facetime, whatsapp, las redes sociales, los mails, la tarifa plana de llamadas… seguro que encontrarás la manera de que esa despedida no sea para siempre.
  2. Si dices adiós de verdad a alguien a quien no podrás volver a abrazar. Joder. Es duro. ¿Quién narices va a exigirte que seas de piedra? Cada persona asume la pérdida como sabe o puede pero intenta no aislarte. Busca el calor de la gente que te quiere. Y ten claro que al dolor le sigue la nostalgia, que también duele, pero con la que aprendes también a sonreír.

Despedidas “virtuales”. Yo de estas sé un rato. J Da igual si se ha terminado una serie que te encantaba o si acabas de cerrar un libro protagonizado por alguien que te ha enamorado. Es normal añorar. Aunque suene friky, créeme, es normal. Al principio te lamentas y luego miras con cierta envidia sana a aquellas personas que se aproximan de primeras a eso que te emocionó tanto. Con el tiempo puedes volver a verlo o a leerlo, pero no será lo mismo, te dices. Bueno, quizá. Pero vendrán nuevas cosas que te harán sentir. Solo piensa… esa sensación de pérdida “virtual” es el recordatorio de que eres capaz de sentir con mucha intensidad. Cuida esta virtud.

Cuidados paliativos para estas dolencias:

  1. Amigos: nada como quedar con tu pandilla para que la resaca, sea del tipo que sea, sea más leve.
  2. Ibuprofeno/omeprazol antes de acostarte. Como dice mi madre: nochecitas de desenfreno… mañanitas de ibuprofeno. Gracias industria farmacéutica.
  3. Comida basada en los hidratos (ingratos) de carbono: pizza, pasta con queso, sushi, comida china, hamburguesas, patatas fritas… da igual. A veces una buena comilona de algo que empape bien (y que lleve toda la sangre de tu cuerpo al estómago para poder hacer la digestión y no te deje pensar) es reconfortante. Una vez al año… no hace daño.
  4. Fiel amigo. Amante. Te amamos.
  5. Un abrazo de alguien a quien quieres. INFALIBLE.
  6. Milo Ventimiglia en Kiss of the damned. La cuenta de instagram de Andrés Velencoso. Harry Styles en el videoclip de Perfect (sí, le perdono que lleve blusas de raso que son, claramente, de mujer). Michiel Huisman como Dario Naharis en Juego de Tronos. Jamie Dornan en la serie The Fall. Justice Joslin en el anuncio de Carolina Herrera. Para gustos colores, pero alegrarse la pestaña es… guay.
  7. Mimarse a una misma: un baño largo. Un disco. Una película moñas. Unas velitas encendidas…

A FAVOR: A veces la causa de la resaca, confesémoslo… fue divertida.

EN CONTRA: No merecemos estar hechas un moco.

CONCLUSIÓN: Beber y comer con moderación. Tener ibuprofeno y sal de frutas a mano (por si se nos ha olvidado la primera opción). Ser tolerantes con nosotras mismas. Darnos mimos.

teletiobueno¿Tele-tíobueno? Sí, pónganme un Harry, un Milo, un Andrés y un Michiel para llevar.

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