“P’habernos matao”

Elísabet Benavent

Elísabet Benavent

“P’habernos matao”

Cabecera-harry

Vale. Todo el mundo quieto. Silencio en la sala. ¿Estamos todos preparados? Venga, que lo digo…
A LENNY KRAVITZ SE LE HA ESCAPADO EL PENE EN UN CONCIERTO.

Bueno, a ver, que no es que el miembro en sí haya tomado conciencia de su propia existencia, se haya declarado independiente y haya huido por la pernera del pantalón aprovechando un solo de guitarra. Es conocido que Lenny Kravitz acostumbra a no llevar ropa interior. Y que conste que no lo entiendo. Con lo que molesta a veces ya solo llevar bragas (todas tenemos de esas que te violan sin previo aviso) como para ir sufriendo las costuras de los pantalones en plena pechuguita de pavo. No quiero pensar cómo tiene que ser vivir con la constante amenaza de pillarse un huevo de pato con la cremallera. Pues eso, que me voy de madre. El hecho es que ahí estaba él en un concierto en Estocolmo, dándolo todo con sus pantalones de cuero, cuando ellos decidieron que el público, el calor y los movimientos incesantes de cadera del cantante eran demasiada presión y… se abrieron así, en plan bien. Vamos, que estaba agachado y todo el temario se le escapó, colgando del agujero. (Ojito al vídeo. Si le dais seguido al botón de play es para morirse de la risa. Me he pasado dos minutos sin poder parar). Él intentó hacer como si nada pero… eh… esto, hola Lenny, te cuelga una patata morena.

Lo admito: soy de esa clase de personas que se despolla con estas cosas. Cuando Harry Styles, miembro de los One Direction (y pedazo miembro que se gasta, por cierto) se pegó el josconcio de su vida en un concierto, me pasé diez minutos sin poder parar de reírme y eso que el chico me requeteencanta. La verdad es que el chico se lo tomó con humor, admitiendo que estaba físicamente bien pero emocionalmente devastado (ven aquí, chiquitín, que yo te quito el disgusto). Y todo esto me ha hecho pensar en que… no hay nada más divertido que hacer un poquito el ridículo.

No es que en el momento nos haga mucha gracia, pero con el tiempo uno aprende a reírse de sí mismo, de sus cagadas, de sus caídas y de todas esas cosas escatológicas que tanta gracia nos hacen. Reírse de uno mismo es un deporte sano de cojones, por cierto. Y se me ha ocurrido que qué mejor que un manual para salir airosa de situaciones ridículas, by Betacoqueta.

Aviso para navegantes: que nadie me tome demasiado en serio. No soy fiable.

Caso 1: Te caes de la manera más lamentable posible.

En esto, creedme, tengo cum laude. Me he pegado tortas de lo más estúpidas en mi vida. Desde tropezarme con una caja en la oficina de Mordor y deslizarme por una mesa como en el anuncio del Pronto hasta volar escaleras abajo tres veces en el mismo mes y casi romperme el sacro. Tengo alma de especialista en efectos especiales, pero sin gracia. Mi experiencia os dice que lo mejor es tomárselo a risa, aunque a veces tienes ganas de encogerte y ponerte a llorar en posición fetal. Aguanta las lágrimas hasta girar la esquina y, si estás muy jodida, pide una ambulancia con la mejor de tus sonrisas. “Pero que traiga algún hombre guapo dentro, que me he jodido pero bien”. Y dicho esto lloriqueas un poco entre la risa y el llanto.

"A ver, Beta, alma de cántaro, que al final voy a pensar que te escogorcias a propósito para que venga a por ti"
“A ver, Beta, alma de cántaro, que al final voy a pensar que te escogorcias a propósito para que venga a por ti”

Pd: si queréis saber la más lamentable de mis caídas os contaré que, una vez, la nieve me sorprendió estrenando zapatos. Cuando fui a bajar del tren, todo el suelo estaba lleno de placas de nieve pisoteada y me resbalé… metiendo las dos piernas entre el coche del metro y el andén. Me levantaron dos señores trajeados (que no, no se parecían en nada a Hugo y a Nico, para mi pesar) muy amables y que casi se asustaron más que yo. Así que cuando escuchéis que la megafonía del tren reza eso de “tengan cuidado con no introducir el pie entre coche y andén”, no os riáis… o sí. Pero poquito.

Caso 2: Se te escapa un pedo en público.

Esto es un clásico. Y seamos sinceros… nos ha pasado a todos alguna vez en la vida. Gracias a Dios, hace muchos, muchos años que no vivo esta horrible experiencia de la que es difícil salir totalmente airoso (aunque si te ha pasado de aires vas bien… vale, me voy al rincón de pensar, ha sido una broma terrible).

He visto hacer de todo: disimular, confesar apenado, confesar entre risas o hacer una broma con el semblante muy serio. De todas creo que me quedo con la última. Miras a tu alrededor y comentas: “Vaya, estoy perdiendo fuelle” o “he oído a un lindo gatito” y a marchar. Ay, los pedos… qué buenos ratos nos hacen pasar.

Y ya que estamos… perdón, pero necesito compartir este vídeo…

Caso 3: Te cuelga un moco

La alergia es muy mala, chatungas, se pasa fatal de los fatales. Tú estás tan tranquila y de pronto un estornudo lanza sobre tu ropa millones de partículas mucosas por doquier. Y te cuelga una vela. Bueno… de ahí el consejo de llevar kleenex siempre encima. Si no… se me ocurre que finjas que lloras a moco tendido. Nadie se ríe de alguien que está llorando, por muchos mocos de troll que le cuelguen de la nariz.

Caso 4: Tu madre abre el probador de par en par y tú estás semidesnuda dentro

Esto me ha pasado. Mi madre, tan feliz ella, abre de par en par la cortina mientras yo, en ropa interior, me seco el sudor por el intenso ejercicio que ha supuesto salir de un vestido en el que me había quedado atrapada. Fuera hay chopomil personas paseando de arriba abajo (bueno, igual con el número he exagerado un poco, pero es que soy de letras) y todos me miran con mi sujetador y mis bragas naranjas fosforescentes. Reacción: cantar “agradecida, emocionada, solamente puedo decir… ¡¡gracias por venir!!” mientras daba pataditas al aire a lo vedette de los sesenta. O mueres de vergüenza o matas a tu madre del disgusto.

Caso 5: Se te sale una teta

Lo confieso: me ha pasado tres veces. Las tres en Mordor. Las tres delante del mismo compañero, que al final ya estaba curado de espanto. No recomiendo a nadie que se ponga a gritar y lloriquear como yo. Es peor. Es como pasearse por zombieland con un cascabel. Lo mejor es disimular, hacer como si nada, guardarte el pezón dentro del sujetador de nuevo y castigarlo mentalmente sin ver la tele. Si alguien te ha visto y hace mofa, te lo quedas mirando muy seriamente y dices:  “tengo cinco más… ¿quieres verlos?”.

"Ay, Justino, que se me sale una pechuga!"
“Ay, Justino, que se me sale una pechuga!”

Caso 6: se te engancha un zapato y sigues andando sin él.

No es tan difícil que pase. Lo que es difícil es que no te des cuenta hasta haber dado tres o cuatro pasos, como fue mi caso en pleno aeropuerto de Madrid Barajas. Un señor me ofreció mi bailarina como si fuera un zapatito de cristal y yo tarareé “eres tú, el príncipe azul que yo soñé”. Muchas pensaréis que me lo acabo de inventar. Pues no. Es verdad. Eran las ocho y media de la mañana de un lunes, volvía de Valencia de pasar el fin de semana y me iba a trabajar. El señor se quedó anonadado y después se echó a reír conmigo. Estoy segura de que empezó el día con mejor humor. Y yo con un poquito menos de dignidad.

principe azul

Ávida de momentos ridículos estoy, así que confesad, bellacas, ¿qué os ha pasado y cómo os las habéis apañado para salir del asunto? Pero… cuidado, que como me guste mucho la historia un día os leeréis en un libro!

Felices penes!

 

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