El porno y sus fal…acias

Elísabet Benavent

Elísabet Benavent

El porno y sus fal…acias

mentiras-porno

He estado pensando mucho. La mayor parte de las veces en cosas estúpidas o en Milo Ventimiglia conduciendo. Eso no sé por qué me gusta. También en Andrés Velencoso apoyado en una ventana sin camiseta. Creo que lo mío empieza a ser patológico. O vienen a estudiarme de una universidad americana o, por favor, que alguien me suministre bromuro.

Lo que quería decir es que, entre todas las cosas absurdas y sin sentido que se cruzan por mi cabeza, cacé al vuelo la idea del post de esta semana. Lo cierto es que ya salió el tema en el post de la semana anterior pero, conforme han ido pasando los días me ha asaltado más y más la necesidad de dedicarle el tiempo suficiente al porno.

Suena fatal.

Vale, mamá. Si estás leyendo esto, olvida mi nombre, mi casa, mi cara y pega la vuelta. Será lo mejor para las dos.

La semana pasada comenté así de refilón que Disney y el porno habían hecho más daño en las relaciones que Hombres y Mujeres y Viceversa (tu piel morena sobre la arena, nadas igual que una sirena). Y lo creo a pies juntillas. Un día de estos prometo dedicarle el tiempo necesario a Disney, pero hoy… bienvenidas al post sobre las mentiras del porno.

Jarrrrr. No puedoooor. No puedoooor. No sé ni por dónde empezar.

Tamaños

Empecemos por lo que entra… por los ojos. Los tamaños. Después de ver semejantes boas constrictor cualquier cosa de la realidad parece pequeña. Eso nos hace muy flaco favor porque, aunque como dice una de mis amigas cuya identidad no voy a desvelar, más vale culebra que sepa moverse que lagarto de komodo que te arranque la cabeza, uno al final tiene la sensación de ser Gulliver en el país de Liliput. ¿Es que alguien ha entrado en la realidad con una pistola laser de “encogimiento”? Maldito Nacho Vidal. No hay Dios que se reponga a ver un vídeo de ese hombre. Yo estoy segura de que lo que le cuelga es un proyecto de antebrazo. Cuando se estaba formando las células se hicieron la picha un lío (nunca mejor dicho) y se pusieron a hacer un brazo de más. Cuando se dieron cuenta de su error, dijeron… “pues na, ya tenemos la cola”. No me jodáis. Eso tiene que tener hasta hueso.

Con las mujeres pasa lo mismo, no vayáis a pensar. Ellos van por el mundo pensando que las tetas normales y corrientes son enormes, miran al cielo y cuando te tumbas boca arriba no se desparraman. Vale, pequeños, eso se llama “cirugía estética”. Dentro de cada una de esas tetas hay material para dos o tres colchones viscolásticos, que lo sepáis. Y no, no es normal que te pongas a cuatro patas y no cuelgue nada de nada por ningún lado, más que dos melones redondos y turgentes que no entienden de gravedad.

Aprovecho para decir que donde hay pelo hay alegría. Entendedlo como queráis.

Madre mía... esto en la peli parecía más grande...
Madre mía… esto en la peli parecía más grande…

Toquecitos, palmaditas… puñetazo en la cara

Si cogiéramos una película porno y la estudiáramos como si se tratase de un documental a lo Nanook el esquimal, sacaríamos muchas conclusiones equivocadas. De ahí que algunos hombres estén completamente seguros de que nos gustan cosas que en el mundo real (no en una escena en la que toooodo está maquillado, que lo sepáis) dan bastante grima. Por ejemplo: coger un pezón y buscar el puñetero dial de tu radio preferida. Chato, no gira, por más que quieras, que está unido al resto de la piel. Y no. No me pone. Aunque bueno, tampoco hay que ir al porno, porque a juzgar por la lectura de algunos libros eróticos, a las mujeres nos vuelve locas que nos pongan pinzas en los pezones. ¿Por qué no te las pones tú en la bolsa testicular, mameluco?

Otra… los toquecitos en la frente pene en mano. Pero vamos a ver. VAMOS A VER. Usad la cabeza. La del norte, no la que cuelga. ¿De verdad os parece lógico que a alguien con dos dedos de frente (nunca mejor dicho de nuevo) le guste que le golpeen rítmicamente a lo “toc, toc… ¿quién es?” falo en mano? No. No mola. Y no pone. Y da igual frente, mejillas, barbilla. No hace gracias, mamones.

Nalgadas, ese gran false friend. Habrá a quien le guste, no lo niego. Una palmadita en la nalga en el momento adecuado y con la fuerza adecuada puede darle sal a la vida, supongo, pero… es que nunca escogen el momento adecuado y nunca miden la fuerza. O acabas estampada contra el cabezal de la cama o parece que están acariciando a un pequeño pony. Por favor, hacednos un favor… dejar esas cosas a profesionales. Y con profesionales me refiero a un buen empotrador.

Que me guste verlo no significa que me guste hacerlo

Hay una cosa que parece que cuesta entender… las fantasías, solo son fantasías. Muchas de ellas nos horrorizarían de materializarse, pero jugamos con la idea porque en nuestra cabeza, es diferente. Por eso mismo, puede que algo que te gusta ver o que te pone a tono, no esté dentro de los límites lógicos de tus prácticas sexuales en la cruda realidad.

Así que, ahora me pongo seria: NO ES SIEMPRE NO. NUNCA QUIERE DECIR TAL VEZ. Si queremos que insistas, espera a que te lo pidamos, por favor. Presionar a tu pareja para que haga cosas que no le apetecen no os va a unir y no, no vais a estrechar lazos ni a conocer en profundidad vuestra sexualidad. Al terminar le vas a dar un asco a morir y la habrás hecho infeliz. No seas imbécil.

El falso porno para mujeres

Tócate los cojones. Porno para mujeres. Femme friendly. Y una mierda. (Y esta entrada de la dedico a mi amiga Sara que me dio los tips principales)

No sé si habréis visto alguno de esos vídeos. No es que yo sea una entendida, que conste, pero soy una persona muy curiosa y cuando una amiga mía me habló de directoras de cine porno y de una nueva corriente dedicada para mujeres, le eché un vistazo. Y hay cosas y cosas, pero por lo general los que dirigen estos vídeos deben ser hombres que, aunque se deben creer sensibles de la hostia, siguen cayendo en muchos clichés horribles que dan risa.

–          Parejas que se miran con cara de éxtasis teresiano, como si su amor los estuviera llevando a encontrarse con Dios. No, a ver. Están follando. No me hace falta verlas a ellas suplicar con la mirada como cachorras ni a ellos acariciar mejillas. Creo que se nos está yendo la olla. El porno es porno, independientemente del público. Solo hay que saber enfocarlo, ¿no?

–          Banda Sonora. Bien, zagales: el jazz de hilo musical Zara Home no nos pone como perras en celo. Es… pues eso, postureo. Y vosotros creéis que con un poquito de musiquita que no es el típico “pau pau pauuuuuu pau pauuuuu” del porno convencional, nosotras ya nos ponemos tiernitas. Y no. NO.

–          Situaciones rollo: venimos de una cena romántica, follamos después de que me pidas matrimonio; solo con mirarte me pongo retozona porque te amo. NOOOOOOOO. Vamos a tener que dar clases de “clima propicio” para que se enteren de las cosas que nos ponen y las que no.

Esto me pone más... y esto, que conste, que NO me pone.
Esto me pone más… y esto, que conste, que NO me pone.

Cosas que sí aciertan en el sexo para mujeres:

–          Los sonidos: no hay locas gimiendo como si las estuvieran matando (aunque a juzgar por los tamaños casi que las comprendo)

–          La luz: suele tener una iluminación impecable que quita esa pátina casposilla.

–          Los actores: ellas no parecen de plástico (con lo que el movimiento de las carnes suele ser al menos realista) y ellos no se gastan un trabuco que ni Curro Jimenez. Eso sí… por favor, ¿podríais escoger actores masculinos guapos? Nos da igual cuánto le mida si tiene cara de comer gatos vivos.

Las situaciones

¿Por dónde empiezo? ¿Por el fontanero que viene a arreglar el fregadero y la ama de casa ninfómana? ¿Por el pizzero y las “adolescentes” curiosas? ¿Por el jefe tirano y la secretaria retozona? ¿Por el padrastro y la hija postiza rebelde?

Pero qué ascazo.

Los escenarios… finos, finos. Cubrecamas brillantes, cocinas con cortinas estampadas con mazorcas, lámparas doradas, sofás de sky, moquetas absurdas sobre las que no me gustaría caminar jamás… oyeeee… igual por eso está así la moqueta de Mordor. Mejor no pensarlo.

Además, todo es fácil. Todo es fácil y placentero. Da igual de qué estemos hablando. Da igual que una sufra por la integridad física de la pobre chica que está en medio. Ella nunca se queja. Todo es… “uhm… qué bien, me gusta que me partan por la mitad”.

Ya sí, me lo creo todo.

¿Hablamos también de los guiones? Oh, dios, son magníficos. Esos diálogos tan ricos en vocabulario e ironía. Esos buenos actores que se meten en el papel (seguramente utilicen el método Stanislavski) y que creen en sus personajes. Esos “oh, sí, más, más.”

Moríos todos.

"NOOOOOOO!!"
“NOOOOOOO!!”

El orgasmo

El orgasmo femenino no existe en el cine porno, es algo que debemos aceptar. Sencillamente ni está ni se le espera. Eso o que ellas pasan los veinte minutos de escena suspendidas en un climax permantente (y de ahí sus gritos de grulla en celo). Ellos hacen y deshacen. Y ellas se retuercen, se abren de piernas, se arrodillan, abren la boca… pero vamos, ¿para qué se van a correr ellas, leche?

Mira, cruza kilómetro y medio de dunas desérticas y allí, a mano derecha, pregunta por el orgamos femenino a ver qué te cuentan...
Mira, cruza kilómetro y medio de dunas desérticas y allí, a mano derecha, pregunta por el orgamos femenino a ver qué te cuentan…

Así nos va la vida, que hay hombres que siguen creyendo que el punto g era una técnica de lucha de Bola de dragón.

Vamos a ver. ES FICCIÓN. Ficción, malditos pazcuatos. En la vida real, nosotras necesitamos un poquito más de dedicación y menos egoísmo. No somos vaginas en lata. No estamos aquí para cumplir vuestros deseos. Y también nos gusta el sexo, por cierto. Basta de tabús y de clichés ochenteros. Pero… coquetas, prediquemos con el ejemplo y siempre, siempre, siempre, respetémonos a nosotras mismas.

Y tras este final… pene.

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