“De esta me divorcio, Paco” o cómo no cagarla regalando una escoba eléctrica.

Elísabet Benavent

Elísabet Benavent

“De esta me divorcio, Paco” o cómo no cagarla regalando una escoba eléctrica.

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Lo primero, aclarar que no es una queja hacia los regalos de Mister Coqueto. Ángelico mío. Supongo que diez años de relación (y mis majestuosas artes de manipulación mental) lo han convertido en un profesional de hacerme regalos. (Cariño, lo de que me echara a llorar cuando me regalaste el ordenador y te acusara en plena histeria de habértelo comprado para ti, fue un malentendido)

El caso de los regalos extraños, es un tema recurrente en esas reuniones que, en el fondo, tanto miedo dan a los hombres. Y nos partimos de risa a vuestra costa, que lo sepáis, coquetos. Porque en el momento podemos desear meteros una sonda por la nariz e implantar por la fuerza en vuestros cerebros la certeza de que nada que pueda ser considerado un electrodoméstico es un buen regalo, pero después se nos pasa y… pues eso, que nos descojonamos. Porque… por todos los dioses del Olimpo… ¿creéis de verdad que un robot aspirador es un buen regalo? Porque si la respuesta es afirmativa, lo apuntamos para vosotros en las próximas Navidades.

En mi familia hay una anécdota que, a lo mejor, no debería airear, pero me voy a hacer la tonta y os la voy a contar. Mi padre tuvo a bien regalarle a mi madre una manta morellana antes de casarse. Y cada vez que sale el tema, mi hermana y yo nos descoyuntamos de la risa. Qué le vamos a hacer. Hay hombres a los que el pragmatismo les ciega.

Y es que a nosotras (a la mayoría de nosotras) nos gustan las cosas bonitas, no prácticas. Y para mí en concreto, si son bonitas, brillan y han salido del stand de cosméticos de Chanel, mejor que mejor.

Y no… las figuritas de Lladró no forman parte de la lista.

Sin embargo, sé que somos complicadas. Lo que para algunas es un regalazo, para otras puede significar el pistoletazo de salida para buscar en internet el concepto “divorcio express”.

Así de fácil, amigo Google.
Así de fácil, amigo Google.

Entonces, ¿dónde está el truco para acertar? Pues apuntad, coquetos. La clave es… escucharnos cuando parloteamos sin cesar. Lo sé, es árduo. A mí misma me cuesta seguirme el ritmo cuando me pongo en ese plan. Lo siento; os ha tocado una cosa chunga en el reparto. Pero no os quejéis, que a nosotras nos toca lidiar con el “¿cuánto hace que no me la chupas?”.

Al tema, que me desvío.

¿Creéis de verdad que ojeamos catálogos de Swarovsky delante de vosotros por capricho? No, amores míos. Casi nada de lo que hacemos es por azar. El día que aprendáis esto, nuestras relaciones serán sumamente sencillas.

Y como hoy estoy en plan buena samaritana, os voy a dejar unos casitos prácticos a los que podáis acudir cuando tengáis duda. Algo así como “manual para no terminar con mi relación haciendo un regalo”.

Caso 1: Tu chica se ha puesto a dieta.

Sí, lo sé y lo acepto. Este supuesto parte de una premisa horrible. Pocas cosas hay más temibles que una tía en el día tres de su dieta. Así que… ahorraos disgustos.

Regalos que no debéis hacer:

Una báscula.

La reacción que vosotros esperáis: “Gracias mi amor!! Así será muchísimo más fácil seguir mi dieta. ¿Qué haría yo sin ti?”

Lo que realmente vamos a decir: “¿¿¡Qué intentas decirme!?? ¿Eh? ¿Estoy gorda? (llamarada de fuego saliendo por las orejas, nariz y boca) ¿Estoy gorda? (Nos quitamos la zapatilla de ir por casa y os la lanzamos) ¡¡Habla claro y deja de esconderte detrás del sofá!! ¡A la próxima cómprame unos huevos y así al menos alguno de los dos tendrá cojones!

Resultado: Vas a tener que comprarte una vagina en lata o sacarte una cuenta Premium en YouPorn.

Matrícula de un año en un gimnasio.

La reacción que vosotros esperáis: “¡Qué bien, vida mía! ¡¡Así podré ir a hacer ejercicio mientras tú juegas pachanguillas con tus amigos y te haces unas cervecitas!”

La reacción que nosotras tendremos: Aplicar reacción del caso anterior, sumándole, seguramente, lágrimas… muchas lágrimas.

Resultado: para vernos desnudas vais a necesitar gafas de infrarojos.

Unas zapatillas de deporte o unas mancuernas. Ni siquiera me voy a repetir. Haceos a la idea del resultado, teniendo en cuenta que cualquiera de estas opciones supone un objeto que puede ser arrojado con fuerza sobre vuestras cabezas o gónadas. Es decir… tu chica te odia y tú tienes un cardenal en la entrepierna.

Una foto enmarcada de hace tiempo en la que tu chica… estaba más delgada. Tío… ten piedad. Sé que te sientes el hombre más romántico sobre la faz de la tierra, que te sientes Noa, del Diario de Noa, pero… encima de tacaño, ciego. No hagas leña del árbol caído, anda. Y para que conste, lo único que meterás en días, será el dedo en la yaga si vuelves a sacar el tema.

Resultado: tu chica se siente una mierda y tú no te comes una.

Ropa. En sí no es que sea mala idea. Es que es mala idea en ese momento y operativamente es complicado. ¿Por qué?, te preguntarás. La tita Beta te lo explica. Si le compras una talla y le viene pequeña… santo dios, se cierne sobre tí la oscura sombra de la depresión post “no me cabe”. Si le compras una talla y le viene grande… va a pensar que tu imagen de ella es más… oronda de lo que le corresponde (y resumiendo, que opinas que está gorda)

Resultado: nada, chico, que no follas.

Mentalízate, ninguna de estas opciones es buena para nadie.

Y antes de pasar a otro caso práctico, por si acaso, os dejo claro que un libro sobre la Dieta Dukan, la Disociada o cualquier cosa que recuerde a los vídeos de aerobic de Jane Fonda, es una mala idea.

De repente tu chica se convierte en lanzadora de peso y tú eres la diana...
De repente tu chica se convierte en lanzadora de peso y tú eres la diana…

Caso 2: tu chica pasa mucho tiempo en casa y tú no tienes imaginación.

Ya sea porque está en el paro, es ama de casa o trabaja a distancia… te adelanto que ninguna de las siguientes opciones es adecuada.

Una aspiradora, escoba eléctrica, robot de cocina, sartenes, olla exprés, centro de planchado, cepillo de dientes eléctrico (no sé si alguien se dará por aludido…ja, ja, ja!) ni nada que suene a electrodoméstico. (Excepción, la Thermomix, que como dice mi amiga Chu, es la máquina que tenía el Delorean detrás y, por tanto, igual te hace un gazpacho que te lleva a 1754).

Lo que tu chica entenderá (si es tan mal pensada como yo y te prometo que yo no soy de las peores) es que la has tomado por tu chacha. Y hay muchas reacciones posibles en ese supuesto. La mía sería una guerra fría y silenciosa que pasaría por huelga general encubierta. Ni limpiaría, ni cocinaría ni haría otras cosas que también se me dan bien… ejem, ejem. También puede lanzarte los regalos a la cabeza, meter por equivocación tu videoconsola en el lavaplatos, colar unas bragas rojas en la misma lavadora en la que están tus camisas blancas o no hablarte en dos semanas (Igual el primer día opinas que estás muy agustico, pero ya verás, ya… nosotras seremos un soldado ruso acostumbrado al invierno siberiano y a ti se te va a congelar hasta el moquillo). Primera norma: no nos menosprecies. Dentro de cada una de nosotras, vive un general veterano, especializado en estrategias militares.

Resultado: vas a tener bajas en tu ejército y la entrepierna de la consistencia de un glaciar.

Pijama, bata o pantuflas. No lo hagas a menos que quieras que ella tome la decisión de no quitárselo ni para cenar con tus padres. Yo lo haría. ¿Que me regalas un batín antimorbo acolchado, de guatiné? Atente a las consecuencias.
Las chicas queremos sentirnos guapas, deseadas y especiales.

Resultado: ¿a que empiezas a imaginarlo sin que tenga que decírtelo?

Una bolsa para el pan y una manopla de cocina. Y este, que conste en acta, que no me lo invento. Me lo han contado. Glorioso en todas sus formas. Es casi arte. Y no… por favor, no lo intentes. Es sólo para especialistas de cine de acción preparados para esquivar una ultrahostia.

Resultado: la manopla de cocina va a ser tu mejor amiga a partir de este momento.

¿A que no mola nada?
¿A que no mola nada?

Caso 3: Has escuchado campanas pero siendo sincero, no tienes ni idea de por dónde vienen.

Si has leído últimamente algún libro picarón y el protagonista regala cositas subidas de tono a su chica, ten en cuenta que la ficción, es la ficción y a veces, lo que nos hace suspirar en un libro, podría darnos un ataque de vergüenza ajena que nos lleve al hospital. Así que evita…

Juguetes sexuales. Sobre todo si no tienes ni idea de cómo va la cosa. Puede resultar tierno, no obstante, pero dependes demasiado de cuán abierta sea tu chica para invitar cosas que vibran a vuestra cama. Además, sé sincero… ¿no es probable que acabes regalando algo que tú has visto en algún vídeo inconfesable pero que a ella no le pone nada? Mejor ahórratelo o tendrás que volver a por una muñeca hinchable.

Resultado: o pasas una de las mejores noches de tu vida o vas a urgencias a que te desincrusten unas bolas chinas del recto. Y a ver quién se cree que no lo has hecho por placer.

Camisones, saltos de cama o ropa interior en general. Es posible que muchos no sepáis ni lo que es un salto de cama, ni un bustier, ni un corset, ni la diferencia entre panties y medias… Y os lo digo en confianza: es complicado acertar. Vosotros de ropa interior sabéis lo que véis a saber dónde y cumple una función fetichista con la que a lo mejor, nosotras no nos sentimos cómodas. No queremos sentirnos disfrazadas de fulana ochentera. Además de cosas que no os imagináis, como parecer una morcilla con lencería. No todo nos sienta como vosotros imagináis que puede sentarnos, por azares del destino. Y nosotras queremos ser sexys pero elegantes, no un fiambre travestido. Así que, o te gastas la pasta en cosas como La Perla o… danger, danger, fire on the discotec…

Resultado: o terminamos pareciendo Melanie Griffith en Armas de mujer (que en los ochenta muy bien, pero no sé yo ahora sin cardado ni pendientes en forma de rayo cómo quedará) o tú terminas usando lencería fina. Y verás qué risa.

"Mira lo que m'ha regalao mi chatungo. ¿A que chana?"
“Mira lo que m’ha regalao mi chatungo. ¿A que chana?”

Caso 4 independiente y digno de mención:

Mi amiga Alba me cuenta este caso: Chica no conduce. Chico tiene que acompañar a chica al supermercado. Chico, con la excusa de ayudarla a ser más independiente, compra bici con alforjas. Chica monta en cólera y chico no entiende por qué, una bici con alforjas para poder ir a la compra, no es buena idea.

Magnífico. Los hombres son seres fascinantes…

Y sobre todo… evitad comprar a vuestras chicas cosas que os gusten a vosotros pero a ellas no. Un arpón para pescar no es un buen regalo si tu chica lo máximo que sabe sobre buceo es los veinte segundos que tarda en hacerse media piscina por debajo del agua.

Y ya, como me está entrando complejo de vuestra hada madrina, os dejo un par de cosas con las que acertaréis sí o sí cualquiera que sea el caso. Y si tenéis dudas… es muy fácil darle un toque (por teléfono, no le metáis mano) a la mejor amiga de vuestra chica y que os acompañe. Y a nosotras nos encantará ese gesto. Lo veremos taaaan tierno que, como dice mi amiga Aurora o* c******** t*** e* r***.

Regalos que sí debéis hacer:

La llevas a un spa y le pagas un masaje como el señor que eres pero intentas disimular delante de tus amigos. Y además, le das un beso antes de dejarla allí y le dices: “Mi amor, te he visto muy agobiada estos días y… yo lo único que quiero es que seas feliz.”

Resultado: Chaval… agárrate fuerte a la cama, porque te van a hacer cosas que no sabías ni que eran legales.

Joyas. Y no te pido que vayas a Pomellato y te gastes 3.450 euros en unos pendientes (y no me estoy inventando el precio, que el otro día lo pregunté, inocente de mí). No hombre, no. Eso sí: evita la bisutería mala (de la que deja las orejas verdes, como las llevo yo ahora), los pendientes de vieja, las esclavas, los colgantes en forma de pergamino y al oso de Tous, por fi plis.

Resultado: las joyas son para siempre, por lo que tu chica entenderá que lo vuestro también y… tú tendrás agujetas en partes del cuerpo que no sabías que tenías.

Una escapada de fin de semana cuando menos se lo espere. A eso no hay mujer que se resista. Y si encima te has preocupado por organizarlo de manera que nadie la moleste… mejor que mejor. ¿Quién puede resistirse a un hotelito con encanto, unas copas de vino y unas tapas, un paseo, una chimenea o un paseo por la playa y una cena romántica?

Resultado: anda chato, cuando termine contigo no te lo vas ni a creer.

Y así, en general…

Entradas para el concierto de su grupo preferido, una mañana de manipedi y cócteles con sus amigas, un cumpleaños sorpresa con catering y alguien que vaya a limpiar el desastre el día siguiente o eso de lo que lleva años hablando y que le hace brillar los ojos de ilusión.

Tal que así, pero sin bigotes ni pelo por todas partes.
Tal que así, pero sin bigotes ni pelo por todas partes.

No coqueto, no; nosotras no decimos las cosas por azar. Sólo falta saber si tú, además de oírnos… nos escuchas.

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