Abocado al desastre

Elísabet Benavent

Elísabet Benavent

Abocado al desastre

cabecera-desastre

Hay muchas cosas en la vida que te pueden abocar directamente al desastre. Vestirte a oscuras (o efecto “vivo en la calle”). Beber sola en casa (o efecto “voy a contar esto en Twitter, porque… total, ¿qué puede pasar?) Ingerir líquido de aceitunas (muerte por potameacaca). Decirle a tu jefe que no tiene gracia (o el equivalente laboral de una ruleta rusa). Publicar un blog lleno de cosas personales. Bueno, basta de ejemplos. Creo que me entendéis. Muchas cosas estúpidas que todos hacemos alguna vez en la vida y que convierten nuestra vida en un infierno por momentos.
Y luego está salir de noche con gente de la oficina, que ya es un paso más, cercano a firmar tu sentencia de muerte. O más bien la de tu imagen pública.
Porque entre que estás un poco nervioso, o demasiado cómodo, o cansado, o que el cabrón de Muci no para de pedir chupitos… siempre terminas bolinga (y yo creo que en todas las oficinas hay un Muci). Yo no sé vosotras, coquetas, pero si bebo de más paso a tener bastante mala pinta. Una pinta bastante chusca a decir verdad, más cercana a ardilla atropellada que a hembra de ser humano. Me da la sensación de que hasta los ojos se me escurren hacia abajo, como a Katie Holmes.

Aunque esta es más bien la pinta que tengo el día siguiente...
Aunque esta es más bien la pinta que tengo el día siguiente…

Me froto toda la cara, me río a carcajadas hasta que me saltan las lágrimas y termino siendo un mapache o el Joker, por no mencionar el hecho de que, o me retoco tanto los labios pintados que acabo con dos chorizos picantes por boca o no me acuerdo de que tengo ni siquiera boca y voy por ahí hecha una Courtney Love yonki cualquiera, sin el glamour de haber estado casada con Kurt Cobain, que quieras que no, viste. En resumen: no, no es una situación en la que quiera que me vea gente con la que tengo que trabajar todos los días.

¿¿Que si quiero otro chupito?? ¡¡¿A ti qué te parece?!!
¿¿Que si quiero otro chupito?? ¡¡¿A ti qué te parece?!!

Por no hablar del hecho de tener que volver a aparentar ser una persona seria y responsable después de que te hayan visto haciendo todo tipo de estupideces del tipo: bailar a lo gogo de los noventa en un podium al ritmo de una música que sólo suena en tu cabeza, encenderte cinco cigarros seguidos por el lado que no es, iniciar una conga o, yo que sé, caerte al suelo y rebotar. Esto último (lo de caerse al suelo, rebotar y ni siquiera acordarse de que te acabas de caer) me recuerda muy mucho a otras cosas que sé cierto que pueden pasar tras/en un cóctel de la empresa. Cosas que no he vivido en mis propias carnes, que conste (porque me pilló de vacaciones). Cosas como acabar enseñándole el culo a un compañero, mear delante de gente mientras fumas, bebes y farfullas palabras de amor, tocándole las tetas a una compañera (confidencia a lo Mujeresy Hombres y Viceversa: eso sí lo he vivido y debo confesar que he estado en el lugar de la tocada y de la tocadora), o terminar teniendo un calentón infernal y hacer cosas que después te provoquen pensamientos suicidas. Eso es todo un clásico. El calentón del infierno.
Hay muchos tipos de calentones del infierno con gente del trabajo. Los que te callas, los que perpetras a medias y los que consumas. Según me cuentan, claro.
Los más sencillos son los que te callas, pero hay que ser sensei en el arte del silencio y la discreción para poder evitar la tentación de compartir que fulanito te confesó mientras te mordía una oreja que lleva meses pelándosela en casa imaginándote mordiendo almohada. Yo que sé, por poner un ejemplo. Lo normal es que se te escape, un poquito, con alguien al que sabes que se le terminará escapando otro poquito y… al final la hora del café ha pasado a ser el correspondiente laboral del teléfono loco y ahora, según dicen por ahí, fulanito muerde almohada porque tú le viste pelándosela con una oreja. Así son las cosas y así se las hemos contado.
Si te callas, te ahorras esta posibilidad horrible y te evitas estar metida en un asunto que ni siquiera se ajusta un mínimo a la realidad, además de que tu nombre viaje de boca en boca. Yo he oído cosas que me han dejado tocadísima. Y es que el teléfono loco nunca para. Si cuentas algo, al final seguro que tu jefe acaba escuchando que te hicieron una paja con la oreja mientras se follaban a una almohada. Y no intentes hacerte cargo de nada importante nunca más. En realidad… reza para que no te tiren cacahuetes a la cara cada vez que pasen por delante de tu mesa.
Ay, me acabo de acordar de que, una vez, un compañero mío, se empeñó en decirle a un taxista que “vivía en el Massimo Dutti”. Y de ahí no lo sacabas. Por eso abogo por tatuarse la dirección en el brazo. El tema de las mudanzas puede ser un drama, pero seguro que hay alguna manera de solucionarlo, como rotulador indeleble.
Otro beneficio de callarte la boca es que si a él le da por abrirla y tú no has dicho ni mu, es más fácil hacerlo quedar de mentiroso deprimente estafador desesperado pelaburras romeenaguas abrazafarolas vendemotos que se inventa cosas. Be water, my friend. Ay, qué retorcidas somos las mujeres. Cómo me gusta.

Muajajaja (Pero yo con otro peinado)
Muajajaja (Pero yo con otro peinado)

Parece ser que los calentones más recurrentes entre compañeros de trabajo en noches de alcohol y tunos (odio los tunos con toda mi alma, por cierto), son los perpetrados a medias. Y son extraños, oiga, porque en realidad no tienes de qué avergonzarte, pero si te acuerdas te quieres morir. Y nacen de ahí los “me he follado a alguien con ropa” (o también llamado “creí que podría hacer twerking y ahora mi falda está embarazada”), los “voy a morrearme con todos los homosexuales del grupo porque, total, no les gustan las mujeres” (conocido como “mira que yo pensaba que fulanito era gay y resulta que me la metió hasta en el bolso”) o los “meterse mano, tocar pelo, arrepentirse y salir corriendo y agitando los brazos” (o como familiarmente dicen “tomarse un bromurito con el cola cao antes de meterse en la cama y actualizar tu perfil en Linkedin).
Y chico, qué quieres que te diga, que yo estoy fuera del mercado desde hace mucho pero… igual para cagarla mejor cagarla del todo y por lo menos irte a casa consumada, ¿no?

El caso es que el tema de los calentones casi es lo de menos, porque ya se presuponen. Como diría mi amiga Alba, somos todos unos gochones. Pero no sé si has pensado en todas las cosas que realmente pueden salir mal. Sí, las mismas que cuando sales con tus amigas, pero tus amigas te quieren. Con tus compañeros de trabajo puedes tener una relación de la hostia, pero trabajáis juntos… y si la lías muy parda, te insinúas a un Guardia Civil, te esposan, ejerces resistencia a la autoridad, te sacas una teta y pasas la noche en comisaría… mejor que sea con alguien con el que no tengas que defender un informe de cifras el lunes. Consejo de coqueta.

Share this post

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on print
Share on email