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Menudo mes de enero… me da la sensación de que 2018 ha entrado fuerte, como queriendo hacerse respetar. O quizá es que me lo estoy poniendo difícil yo sola, que también puede ser: aquí la menda se ha vuelto completamente loca y está intentando dejar de fumar, ir al gimnasio y ponerse a dieta TODO A LA VEZ. Resultado: ya no fumo, pero me he enganchado al vapeador (sabor donut, cágate lorito), al gimnasio voy a regañadientes y la dieta… mejor no preguntéis. Así voy: de espaldas, sin frenos y de cara al precipicio.

Voy a intentar concentrarme un pelín más, lo prometo. Pero… mientras tanto, por aquí os dejo con las coquetadas de enero; no todo va a ser llanto y rechinar de dientes.

Y es que este mes me quedo con…:

Un descubrimiento: marca de cosmética Tarte

La conocí gracias a varias beauty blogers que recomendaban uno de sus productos estrella: el corrector. Me echó un poco para atrás el hecho de que no se distribuya en España (aunque creo que la web de Sephora tiene algunos productos disponibles), pero después de escuchar las bonanzas de la marca en tantas bocas diferentes, me atreví a hacer un pedido online. Acerté con el tono del corrector y el fondo de maquillaje porque me vino el patrón del maquillaje a ver.

Lo malo es que tarda como diez días en llegar el pedido. Lo bueno: me ha encantado todo. Hasta el momento, mis productos preferidos (y que os recomiendo con todas mis fuerzas) son el corrector (muy cubriente) o el elixir Rainforest of the Sea, un aceite para antes del fondo de maquillaje que deja un efecto perlado y jugoso en la piel (abstente si te gusta el acabado empolvado en el maquillaje).

Cosmética Tarte

Un libro: “El corazón de los hombres” de Nickolas Butler

Para ser completamente sincera, aún no lo he terminado, pero porque me cuesta encontrar tiempo para disfrutarlo como se merece. Quedé completamente enamorada de “Canciones de amor a quemarropa”, el anterior libro del autor y este, por el momento, no me está decepcionado en absoluto. Una historia que se adivina dura (aún no llevo mucho) pero contada con una sensibilidad que deja con la boca abierta.

Un mimo: bañera llena, Lush y unas cuantas velas

He instaurado la tradición/obligación de, al menos una vez al mes, llenar la bañera de mi cuarto de baño, dejar que se deshaga una bomba de baño de Lush (Twilight es mi preferida y me deja como un bebé después del baño), encender un par de velas (a poder ser de The Singular Olivia) y olvidarme del mundo durante 20 minutos mientras suena un disco de “Sleeping at last”. Eso sí… cuando salgo casi necesito un carro de paradas para emprender la actividad humana más sencilla.

Una prenda: jersey oversize

En invierno suelo abusar de los vestidos, las medias tupidas y las botas altas, pero este 2018 me ha pillado en vaqueros estrechos, botines y jerséis oversize… vamos, de los que parece que le has robado a tu chico (aunque en mi caso mi chico tenga menos talla que yo). Quedan genial también con leggins, por no mencionar lo cómodo que es el outfit en cuestión, pero también los he probado con vestido camisero y… oye, tiene su punto.

Mis preferidos de la temporada son de Zara y ASOS.

Jersey Zara

 

Jersey Asos

Una cuenta de Instagram: @heyratolina

Husmeando por la red, di con Marta y me enamoré al instante de sus looks, de su sentido del humor, de sus tips de maquillaje y hasta de su gato. Eso sí: desde que la sigo, tengo más capítulos de “ansia viva” y creo que en la tienda Sephora del Centro Comercial que me pilla al lado de casa están pensando en poner una placa en mi honor.

Súper recomendable para todas las fans del maquillaje.

Una obsesión: el ambientador “Green Cardamom” de Rituals

En qué mal momento entré en la tienda… Desde que lo olí, vivo obsesionada porque cada rincón de mi casa huela a este ambientador. Lo he comprado ya en dos formatos diferentes y hasta sucumbí a la vela con el mismo aroma. Por favor, señor Rituals, deje de comercializar droga dura.

Un plan: un rato asolas

Además del baño mensual (me ducho todos los días, ojo, ;P), mi plan de buenos propósitos para este año (centrado en mejorar mi salud mental, si es que es posible sin electroshock) incluye pasar un rato sola. COMPLETAMENTE sola. Sin móvil (bueno, sin usar el móvil), haciendo algo que me guste y me haga feliz. Este mes, tomé café en Bump Green mientras ojeaba una revista y fingía que no tenía nada que hacer. Era mentira y me comían los remordimientos, pero tengo fe en que, a fuerza de repetir, mi cabeza aprenda a disfrutar de unas cuantas horas de desconexión al mes.

Un tratamiento de belleza: presoterapia

Hace tres años yo no tenía tobillos. No es un decir: no los tenía. El problema no era estético… es que tenía las piernas como dos morcones, me dolían muchísimo y por las noches me costaba muchísimo dormir porque me hormigueaban hasta el límite de poder con mi paciencia. Pero conocí a Marina (gracias, Marina, por devolverme los tobillos) y ella, además de unos masajes drenantes de la leche, me descubrió la presoterapia. Es un poco marciano: te pones unos pantalones desechables que no pueden ser menos sexis y te metes en una especie de traje espacial que se va hinchando por partes. Pero ojo con el resultado. OJO.

Un complemento: las cadenas y colgantes finos

Debo admitir que soy como las hurracas: todo lo que brilla me encanta. Y si es grande, mejor. Sin embargo, con los años una aprende a equilibrar esas cosas y para no pasarme de rosca, alterno los pendientes de tamaño descomunal, con las cadenas finas y discretas. Mis preferidas, las de Adelita Adelita (me encanta llevarlas de dos en dos):

Adelita Adelita

 

Adelita Adelita

Una actividad: BodyBalance

No soy amiga del gimnasio, aunque me obligo a ir todas las semanas. Si pudiérais verme entrar, es como ver a un condenado a muerte de camino al patíbulo. Me llega la barbilla a los pies y casi voy con los ojos en blanco, porque, chica, gustarme, lo que se dice gustarme, me gustan Andrés Velencoso, los libros, la purpurina y dormir la siesta con mis gatos (entre otros) pero las máquinas del gimnasio me parecen lo más parecido a un potro de tortura medieval.

¡Pero…! He descubierto el Body Balance. Habrá quién me diga que “vaya mierda”, que “eso no es hacer deporte” y que soy “una blanda”. No se lo niego pero, de cero a cien, hay un montón de números. Pasar de la vida sedentaria de alguien que trabaja sentada frente a un ordenador a ir un par de veces por semana a clase… algo va. Y me resulta agradable, motivador y salgo siempre encantada de la vida, aunque la mañana siguiente no me pueda ni mover. Además, confío en que quizá, gracias a estas clases acabe por no relacionar la idea del gimnasio con uno de los círculos del infierno de Dante.

Esta entrada tiene 5 comentarios
  1. Hola, pues el Body Balance no es tan flojo como la gente se piensa, igual que el Pilates, y menos si no hacias nada antes, yo he hecho los dos y la verdad es que
    si no lo dejas, vas a notar los beneficios. No te desanimes y sigue, hasta te va a gustar!!!!

  2. Del Pilates doy fe totalmente pero para desestresarse recomiendo el bodycombat. Dar tortas (por no decir palabrotas) como panes es… liberador.

  3. No sé si debería seguir a la cuenta de Instagram… trabajo en un centro comercial y en el Sephora que hay se saben mejor que yo que tono de corrector uso… El libro me lo apunto, que «Canciones de amor a quemarropa» también me encantó

  4. Apunto tres de las recomendaciones, a veces estamos tan agobiadas con todo el trabajo diario que hasta se nos olvida que dedicarse un poco de tiempo a una misma no es malo y nos puede ayudar a centrarnos mas. Bueno siendo hoy el día que es, voy a darte la enhorabuena por Fuimos Canciones, bienvenida Macarena, estamos todas las coquetas deseando conocerte.

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