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El otro día me probé mis bikins… sí. Mis bikinis. Terror en el supermercado, horror en el ultramarinos, como cantaría Alaska. La visión me arrancó un alarido animal que puso en jaque a todo el edificio y casi provoca una angina de pecho a mis coquetogatos. Alcé el puño en alto y puse a Dior por testigo de que a partir de ese momento, pasaría hambre.

El caso es que decidí que ya era hora de apuntarse a eso de la operación bikini. En realidad creo que vivo en una constante e interminable operación bikini que no suele dar demasiados resultados. No mentiré y, escudada en Beta Coqueta, me haré pasar por una apolínea fémina. No. Y no lo haré porque no tiene nada malo ser de naturaleza redonda. Hay tantos cánones de belleza diferentes como ojos que miran. Entonces me diréis, ¿por qué narices la operación bikini? Pues porque dentro de toda anatomía, hay límites que no se deben rozar.

Decidir una playa paradisiaca como destino de vacaciones no hizo más que añadir leña a un fuego que ya iba a todo trapo. Así que, aquí estoy, diciéndome a mí misma que ahora sí, que sí. Sin embargo, soy consciente de que soy débil. ¿Qué le vamos a hacer? Y lo digo con la misma carita que pondría si Mr. Coqueto me pillara pellizcándole el culo a Andrés Velencoso. Soy débil, perdóname, tengo una coqueta diabólica viviendo en mi interior.

Y todo esto me ha hecho pensar muy mucho en muchas cosas. La primera, en los anuncios de ropa interior.

Foto perteneciente al catálogo de Intimissimi 2013

“Me voy a por el pan con este modelito, a ver qué pasa”…Foto perteneciente al catálogo de Intimissimi 2013

Está loca, os diréis. Y aunque no os falta razón, esta vez no es un desvarío. El caso es que el otro día, mientras veía la tele, volví a ver ese maligno anuncio de ropa interior en el que la tía protagonista es tan jodidamente perfecta que me la f****ba hasta yo, y no pude más que enfurruñarme. A los tíos les encantará pero dudo mucho que alguna mujer heterosexual se sienta satisfecha después del visionado. ¿Por qué motivos? Porque esos modeliquis pseudopornos jamás nos quedarán como a esa escuálida chica de pechos perfectos, bronceada, que se pasea despreocupadamente en paños menores. Y señores anunciantes… la frustración no es muy buena amiga de las compras.

Y no son las revistas de moda. No es la tele. No es el cine. No es la publicidad. No son las franquicias en las que nos compramos la ropa. Son todas esas cosas y entre éstas… nosotras.

La sociedad exige a cada una de nosotras, pequeñas coquetas, miles de proezas diarias. Y además de todas esas obligaciones, de ese nivel de exigencia al que nos vemos sometidas… aún con todo… tenemos que ser estéticamente perfectas. Y no sólo lo esperan ellos; nos castigamos nosotras mismas por conseguirlo.

Nos olvidamos, además, de que a pesar de las modas, uno no puede luchar contra la naturaleza. Y si puede, no debe. ¿Por qué narices tengo que desear yo unas caderas más estrechas? ¡Si son sólo caderas! Y cuando digo caderas digo culo, tripa, muslos, brazos, papada o yo qué sé, lorzas de la espalda. Está claro que debemos cuidarnos de estar sanas y de no cruzar, como ya he dicho antes, ese límite infranqueable que todas tenemos, que no es estético, sino saludable. Y cuando digo saludable me refiero también a lo emocionalmente saludable.

En mi vida he ido a muchos endocrinos y jamás ninguno me ha preguntado con qué peso me he encontrado más feliz en la vida. Nadie me ha formulado esa pregunta tan sencilla. Y ser feliz en este caso no se correspondería con el placer estético sino una conjunción entre éste y ser nosotras mismas, sin tener que condicionar todo lo que hacemos al hecho de estar más o menos delgadas.

Señores anunciantes... ¿para cuándo un poquito de variedad en los modelos de belleza?

Señores anunciantes… ¿para cuándo un poquito de variedad en los modelos de belleza?

Dicho esto, he llegado a la conclusión de que esta vida es muy corta como para cuestionarnos hasta el punto de hacernos infelices. Además, que no se nos olvide, la voluptuosidad no está reñida con lo coqueto.

This Post Has 2 Comments

  1. Hola wapa, me considero una coqueta!! fiel seguidora de la saga valeria, aunque ya he visto que ha sido desestimada mi recomendación de la tercera parte como valeria contra la pared… jajajaja stoy totalmente de acuerdo contigo! me considero algo mas que una talla 36, ya que aunque mi cadera es estrecha mi tripa es sobresaliente y digo yo: acaso un embarazo dura 31 años?? no, verdad? pues dejen de preguntarmelo!! NO estoy embarazada, me gusta comer y la cerveza y no me gusta correr, k es de cobardes… tengo una tripa sobresaliente k no me molesto en ocultar pork tb es mia! tengo unos ojos castaños preciosos y todo el mundo se fija en mi barriga… me parece tan injusto!! soy una persona muy feliz y me niego a traumatizarme por no entrar en los canones de belleza estandares… viva la belleza real, porque mis imperfecciones tambien son mias, porque el poco tiempo libre que tengo lo invierto en mi familia y en mi gente, que ya bastante ejercicio hago trabajando moviendo cajas todo el dia… no me enrollo mas! me ha encantado tu blog, desde hoy seré fiel seguidora!!
    Un beso muy grande y gracias por resultar tan cercana!
    Bego.
    http://fdb-rebel.blogspot.com.es/

  2. Holaaaaaa!!

    Me ha gustado mucho tu página ¡que lo sepas!
    Yo, como Bego soy muy fan de Valeria, junto con los de Silvia son los que más me gustan. ¡deseando estoy de tener algo nuevo entre mis manos!
    Pero bueno, ahora estoy aquí para mandarte fuerza con la operación bikini. ¡ánimo chica!!
    Creo que casi todas estamos en ello, no eres la única. Es muy difícil esto de adelgazar, personalmente creo que la única vez que tuve que tomármelo en serio fue el plan boda y ni siquiera entonces pude adelgazar.
    Pues nada, que os lo paséis fenomenal en esas vacaciones tan merecidas y esperadas. Nosotras estaremos aquí a tu regreso esperándote con los brazos abiertos!!

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